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Revista
EIDENAR: Ejemplar 7 / Enero - Diciembre 2008 |
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Manejo del
recurso hídrico en culturas precolombinas
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*Recibido : Septiembre 10
2008
*Aceptado:
Octubre 25 2008
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Jaime Ernesto
Díaz Ortiz, Ph.D.
Profesor Titular
Escuela de Ingeniería de Recursos Naturales y del Ambiente.
EIDENAR, Universidad del Valle
Cali, Colombia .
jaidiaz@univalle.edu.co |
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Betty Freire Delgado,
Ing.
Escuela de Ingeniería de Recursos Naturales y del Ambiente.
EIDENAR, Universidad del Valle, Cali,
Colombia . |
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Resumen
La utilización del agua por las culturas precolombinas
incrementó el desarrollo de las sociedades de agricultores que
aprovecharon las ventajas naturales de su entorno para desarrollar
tecnologías hidráulicas. Lo anterior fue sobre todo
evidente en las culturas azteca e inca, quienes generaron desarrollos
tecnológicos que incrementaron la producción
agrícola, haciendo posible alimentar a poblaciones
numerosas. Se presenta una descripción de las diversas
tecnologías desarrolladas por los aborígenes americanos,
resaltando las diferentes formas de captación de agua utilizadas
para fines de irrigación, aprovechamiento de agua potable,
navegación y protección contra las inclemencias de la
naturaleza.
PALABRAS CLAVE
Culturas precolombinas, aprovechamientos hidráulicos.
ABSTRACT
Water used by
pre-Colombian cultures increased the development of
agricultural societies taking advantage of natural resources of their
environment to develop hydraulic technologies. This was especially true
for Aztec and Inca cultures which produced technological developments
that increased agricultural production, making it possible to feed
numerous people. A description of the different technologies
developed by the American Indians is presented, emphasizing ways of
capturing water for irrigation purposes, use of drinking water, water
transportation and protection against the harshness of
nature.
KEYWORDS
Pre-Colombian cultures, hydraulic technologies.
1. INTRODUCCIÓN
Culturalmente la población precolombina es diferenciada en dos
grupos; Mesoamericano y Sudamericano. En algún periodo el
hombre precolombino pasó de ser cazador-recolector a
agricultor-ganadero, transformando su vida nómada a sedentaria
(Childe, 1954; Cano, 1997). Por su parte, Harlan (1975) considera que
el hombre agricultor se transformó en un importante conductor de
procesos evolutivos, para lo cual tuvo que realizar una serie de
transformaciones tecnológicas, entre las cuales, una muy
importante consistió en el aprovechamiento eficiente y adecuado
de los recursos hídricos.
Según Fogel (1989), el desarrollo agrícola precolombino
estaba basado en técnicas complejas para el manejo del agua de
riego a través de sistemas de distribución y
construcción de terrazas o andenes de cultivo. Igualmente, en
Colombia los pueblos prehispánicos comprendieron que para hacer
habitable un territorio y poder alimentar una población
creciente, era necesario distribuir adecuadamente el área entre
las necesidades de vivienda y las zonas para el cultivo.
Por otra parte, Denevan et al., (1987) destacan que las construcciones
hidráulicas precolombinas se caracterizaron por manejar bien el
agua. Sus tecnologías desarrollaron innovaciones que intentaban
disminuir la erosión, aminorar las inundaciones, retener la
humedad, permitiendo captaciones, traslados y almacenamientos.
Muchas de estas antiguas construcciones se encuentran en vestigios
arqueológicos y arquitectónicos, agrupando la
información de las diferentes técnicas hidráulicas
precolombinas en, obras abandonadas, registros gráficos,
escritos, mapas, pinturas y tradiciones orales.
El rescate de la tradición cultural precolombina sobre el
manejo de los sistemas hídricos destaca las diferencias de
carácter geofísico que pueden ser aprovechadas por la
generación actual con el fin de manejar adecuadamente
el recurso hídrico en las condiciones
del trópico
(Rabey, 1987).
Según Oyuela (1990), en Colombia se presentaron grandes
desarrollos tecnológicos, especialmente en la cultura Tayrona.
Su arquitectura lítica sobresale en todos los aspectos de su
cultura como, viviendas, caminos, escaleras, puentes, canales, y
alcantarillados, en donde se resalta la magnitud de sus desarrollos
tecnológicos.
A lo largo de los años las distintas expediciones
arqueológicas observan que los sistemas de conducción de
agua precolombinos son frecuentes en todo el continente americano. En
Chile se encuentran sistemas de irrigación desde el sur en
Atacama hasta la provincia de Cachapoal, localizada en la cuenca del
río Rancagua al sur de Santiago .
En el Perú los primeros sistemas hidráulicos se remontan
a la cultura Chapín (500 a.c.) que continuaron su desarrollo en
la época Pukara (200 d.c). En estas culturas la gestión
del agua estaba asociada a la estratificación social.
Ésta se dividía entre campesinos rasos y especialistas
encargados del riego, la predicción climática, los ciclos
agrícolas y las ceremonias religiosas. En la cultura Pukara, la
planificación hidráulica adquirió un
carácter político asociado al control de las nuevas
áreas de cultivo y de la fuerza de trabajo campesina, adaptada a
las características de cada región. Así, en la
costa se construyeron reservorios, acueductos y sistemas de canales,
mientras que en la sierra eran importantes los sistemas de
captación de aguas y la construcción de terrazas regadas
(Moseley 1978).
Kus (1984) considera que los sistemas fueron incrementando su
complejidad, de tal manera que, por ejemplo, la cultura Moche
extendió la agricultura a la parte baja de los valles,
utilizando un sistema de canales que permitió cultivar zonas
alejadas de los ríos. De este periodo se destaca el sistema de
acueductos subterráneos de la cultura Nazca en la costa sur. En
el periodo Pukara, en la región del lago Titicaca se origina la
agricultura con sistemas de qochas o estanques, es decir, el uso para
fines de riego de depresiones naturales o artificiales, comunicadas por
canales, alrededor de las cuales se cultivaba por el sistema de surcos.
El almacenado de agua de las qochas se facilitaba por el escaso drenaje
de la zona que permitía su disponibilidad aún en la
época seca. Además, la qocha tenía un efecto
termo-regulador, es decir, mantenía la humedad del suelo, y los
cultivos allí sembrados se caracterizaban por las altas
producciones (Mujica, 1991).
La cultura inca desarrolló una gran tecnología en
ingeniería hidráulica, construyendo embalses, presas y
canales. La configuración de una vasta red de caminos
permitió la expansión de los sistemas de cultivo de
terrazas regadas en las laderas de las montañas, aumentando el
área agrícola. En lo que se refiere a instrumentos de
labranza para la agricultura, la cultura inca fue muy pobre y su
principal utensilio consistió en el palo cavador, que
servía para desmoronar la tierra, airearla y hacer los agujeros
para la siembra (Lechtman y Soldi, 1981).
En México la cultura azteca se destacó por una
sucesión de campos elevados dentro de una red de canales
dragados sobre el lecho del lago, denominado cultivo por chinampas
(Wilken, 1985), el cual reciclaba eficientemente los nutrientes
arrastrados por las lluvias. El desarrollo de nuevas técnicas
agrícolas, basadas en el riego por inundación del
subsuelo y en la construcción de canales, permitió un
impresionante aumento en la densidad de la población. Los
canales de las chinampas servían a su vez de vías de
comunicación y de drenaje (Parsons, 1976), mientras que la
agricultura en campos rellenos con sedimentos extraídos de los
canales facilitó el control de las inundaciones (Palerm, 1973).
Las diferencias en clima, suelo y vegetación de la selva
tropical donde se asentó la cultura Maya, obligaron a generar
técnicas adecuadas para cada tipo de terreno, con campos
elevados en zonas inundables y terrenos con desnivel en zonas de
excesiva humedad. La característica de éstos se
enfocó en la construcción de terrazas para realizar
cultivos en forma de escalón, los cuales eran sostenidos por
pequeños muros cuya función consistía en modificar
la pendiente del terreno, contribuyendo a preservar la humedad y a
mejorar la fertilidad del suelo (Armillas, 1949).
En resumen, las culturas precolombinas realizaron enormes obras
hidráulicas cuyo objetivo principal consistió en regular
la escorrentía en los periodos de lluvias y almacenar agua para
asegurar el suministro en los periodos de sequía. La
perforación de pozos verticales les permitió abastecer de
agua a las diferentes poblaciones haciendo uso de las aguas
subterráneas.
2. EL RIEGO EN
LAS PRINCIPALES CULTURAS PREHISPÁNICAS
Denevan (1980) llama configuraciones a las antiguas construcciones
agrícolas que contribuyeron significativamente a modificar el
paisaje natural y, en consecuencia, dejaron vestigios
arqueológicos. El riego, definido como la acción de
proveer agua de manera artificial a los cultivos, permitió el
desarrollo de diferentes técnicas hidráulicas o
configuraciones que, dependiendo de su funcionabilidad, han sido
clasificadas entre las que evitan la erosión (terrazas), las que
controlan la escorrentía, las de retención de humedad y
las que permiten captación del agua. Como ejemplos se pueden
mencionar las terrazas agrícolas, las terrazas de barranca, las
terrazas en pendiente, las semiterrazas, valladas cerradas, las
valladas complejas, las surcos, las campos de pocitos, el riego de
brazo, entre otras.
2.1
Modificación de pendientes (terrazas)
Las terrazas agrícolas eran superficies niveladas cuyo
propósito consistía en modificar la pendiente para
reducir la erosión, acumular suelo, facilitar la
infiltración del agua e incrementar la retención de la
humedad (Spencer y Hale, 1961; Field, 1966; Hopkins, 1968; Patrick,
1980; Donkin, 1979). Se encuentran vestigios que datan desde el
año 600 a.c. en la sierra de Tamaulipas (México) y en la
Sierra Central del Perú, hasta los años de 100 d.c.
(noreste de Nuevo México), 300 d.c. (Guatemala), 500 d.c.,
(Yucatán), 1.000 d.c., en el Ecuador, (Donkin, 1979). Patrick
(1980) ha sugerido que las terrazas de Tzompantepec en el valle de
Puebla en México, podían remontarse hasta 1.700 a.c.
Estos terraplenes también se emplearon para la
construcción de canales prehispánicos y caminos,
encontrando en la Amazonía Boliviana vestigios de éste
tipo de construcciones. Palerm y Wolf (1972) mencionan los terraplenes
de los Llanos de Mojos, como elementos de complejos más amplios,
donde se observan movimientos de tierra prehispánicos que
incluyen camellones de cultivo, canales, pozos para almacenamiento de
agua, diques, y montículos artificiales de ocupación. La
función principal de los terraplenes y canales era el transporte
y la comunicación, conectando asentamientos, ríos y
terrenos de cultivo. Los terraplenes se constituyeron en un medio
excelente de transporte por las sabanas, inundadas durante la temporada
de lluvias, y los pantanos permanentes de la región.
Dependiendo del área de cobertura de la terraza, de su
distribución sobre la superficie de acuerdo con el contorno de
las curvas a nivel, del tipo de muro o bancal que las sostenía,
de la dispersión en que se encontraban y de la existencia de
canales de riego o drenaje, han sido clasificadas de la siguiente
forma: Terrazas de barranca (cross-channel terraces), muy numerosas en
México, Perú, Ecuador, norte de Chile y noreste de
Argentina; Terrazas en pendiente o linear sloping-field terraces de
acuerdo con (Spencer y Hale, 1961), que seguían las curvas de
nivel y se ubicaban en las laderas de los valles en vez del fondo de
los mismos, se encuentran en la Zona central de Yucatán y Valle
de Nochixtlan en México, y Donkin (1979) los describe en
distintos lugares de América. En Chile y Argentina
terrazas de este tipo han sido descritos por Field (1966); Metepantli o
semi-terrazas (West, 1970), caracterizadas por muros de
retención en tierra (meiga), sostenidos por raíces de
plantas de maguey, colocadas encima del muro. Fueron comunes en
México Central y han sido estudiados detalladamente por Patrick
(1980); Terrazas aisladas o superficies dispersas o discontinuas
(Spencer y Hale, 1961) los describen en la Sierra Peruana; Terrazas en
banca, que proporcionaban áreas niveladas con suelos profundos
en pendientes muy agudas, que eran regadas mediante sistemas de canales
(Donkin, 1979 y, Field, 1966), se encuentran en el centro de
México y en Guatemala;. Terrazas en los fondos de los valles
(floor terraces), que consisten en variaciones de las terrazas en
banca. el manejo del agua las poblaciones precolombinas utilizaron
técnicas destinadas al almacenamiento, derivación,
almacenamiento, conservación de la humedad, ón de agua
subterránea, el control de desbordes, y del agua de
escorrentía.
2.2
Almacenamientos
Presas:
Una de las presas más grandes del periodo precolombino es la de
Purrón en el Valle de Tehuacán (México), que mide
18 metros de altura y tiene 300 metros de largo.
2.3
Derivación de agua
Canales
para riego: La construcción de acequias para aprovechar
el agua y establecer sistemas de riegos complejos permitieron el
desarrollo poblacional. Su adecuación se hizo mediante la
construcción de canales, cuya función era disminuir el
flujo del agua aumentando el depósito de sedimentos en las
zanjas convirtiéndolas a la vez en reservas de humedad para las
épocas secas. Construyeron puentes de dos clases:
monolíticos, en un solo bloque de piedra, y los compuestos,
constituidos por varias lajas superpuestas descansadas sobre piedras
verticales ancladas en el río. Los sistemas de alcantarillado
consistían en zanjas que pasaban por las casas y luego
desembocaban en los ríos o quebradas (Parsons et al., 1984).
Los canales de riego más antiguos se encuentran en el valle de
Moche (costa del Perú) y se remontan hasta el año 1500
a.c. (Moseley, 1978). En México se encuentran vestigios de
canales que se remontan a los años 850–150 a.c. en
Tehuacán (MacNeish, 1958); y según reporta (Kirkby, 1973)
al año 420 d.c. en Oaxaca. Igualmente Fowler (1969) y Haury
(1976) mencionan la existencia de conducciones para agua de riego en
Puebla (México) y en Snaketown (Arizona), construidas hace
más de 2200 años.
Se encuentran canales de riego muy diversos en términos de
tamaño y métodos de construcción. Los materiales
utilizados fueron la piedra y la tierra. Se aprovecharon las
diferencias de nivel para la conducción del agua y se han
encontrado estructuras para disipación de energía y
control de flujo, construidas en piedra en el canal de La Cumbre en el
Perú (Kus, 1984). Algunos de los canales de riego más
grandes y más largos de los tiempos precolombinos se encuentran
en la costa norteña del Perú. El Valle de Moche
(Perú) recibió agua desde el río Chicama por medio
del canal La Cumbre (Chicama-Moche), con una longitud de 74
kilómetros. El complejo de Lambayeque proporcionó agua de
riego para 100 km2 en la llanura costera del Perú, utilizando un
sistema de canales interconectados con 5 cuencas de drenaje distintas
(Palerm, 2002).
Acueductos: destaca en México el sistema hidráulico de
Edzná, donde existen colectores en forma de
cañería que comunican una serie de canales construidos
para evitar inundaciones en terrenos más bajos y en el centro de
México se encuentran canales elevados de hasta 20 metros de
altura. En el Perú aún existe el acueducto elevado de
Ascope en el Valle de Chicaza (20 m de alto), y el acueducto de la
Pampa de Zaña de 3 km de longitud; en la región de la
Cumbre (Perú) se encuentran secciones de acueductos. En el norte
de Chile también se conservan pequeños acueductos.
Galerías
filtrantes: Los chultunes o cisternas Mayas subterráneas
eran depósitos de agua lluvia construidos en la roca o en la
zona parental, conectados a sistemas de irrigación mediante
canales y combinados con terrazas, que permitió llevar a cabo
una agricultura intensiva (De la Torre y Burgal, 1986). Se han
encontrado galerías filtrantes en Tehuacán y Puebla
(México), en el norte de Chile (Pica) y el sur del Perú
(Nazca).
Reservorios: En México, Wolf y Palerm (1957) han informado sobre
pequeños reservorios agrícolas en el Valle de
México, y Kirkby (1973) menciona antiguos depósitos en
Oaxaca. El gran reservorio de Purrón (México) mide 400 x
700 metros, con 8 metros de profundidad.
2.4
Conservación de humedad
Las culturas precolombinas desarrollaron varias técnicas para
modificar la superficie de los campos, diseñadas con el
propósito de conservar la humedad de los suelos proporcionada
por la lluvia y el agua de escorrentía. Estas se han observado
en el suroeste de los Estados Unidos, norte de México y en la
costa de Perú y pueden ser agrupadas de la siguiente manera.
Surcos
: Los surcos tenían diversas
formas: rectos, rectos con líneas perpendiculares, en forma de
la letra «E», o en forma de «S». Aunque no
fueron estructuras permanentes, aún puede percibirse una
variedad de surcos precolombinos en el desierto de la costa del
Perú, en los Valles Chicama y Moche (Kus, 1984).
Riego
manual: En ocasiones el agua de riego era transportada
manualmente desde alguna fuente hacia los campos cultivables. Tres
formas se encuentran asociadas al riego manual: campos de pocitos,
pozos y tablones. Los campos de pocitos tenían 17 cm de
diámetro por 10 cm de profundidad, con 3,25 m de campo entre
pocitos. Se observan en Guatemala y se utilizaban para regar
árboles (Wilken, 1987). Según Kirkby (1973) los pocitos
cerca de los antiguos canales de Oaxaca fueron usados en los
años 400 a.c. Los pozos eran excavados sobre la capa
freática y han sido identificados en Chan Chan (Perú) y
en las tierras altas de Chiapas (México). Kirkby (1973)
informó sobre antiguos pozos, que tal vez fueron usados para el
riego de vasija en Oaxaca (México). Los tablones eran parcelas
elevadas rectangulares, separadas una de otra con zanjas o canales
estrechos, teniendo una berma alrededor para contener el agua. En
realidad son terrazas y campos elevados que se pueden observar en las
tierras altas de Guatemala (Scarborough, 1983).
Control
del agua de escorrentía: terrazas de barranca (weir),
eran las formas más comunes de control de agua de
inundación. Su función principal consistía
en reducir la pendiente y controlar la erosión. El
término sugiere una presa que no detiene el agua sino que le
permite escapar o filtrar hacia fuera, concentrando el agua de las
áreas de recolección y desviándola hacia
pequeños campos de cultivo. (Salazar, 2006) reportan un caso en
Honduras. En la región Hopi (Arizona), el área de cultivo
que se alcanzaba con estos sistemas era alrededor del 4 al 5% del
área de captación (Hack, 1942).
Bordes
lineales : Eran líneas de piedra dispuestas en el
contorno de las pendientes de las colinas colocadas a veces en
agrupaciones paralelas o en forma concéntrica. Servían
para retardar el agua de escorrentía, permitir la
filtración de agua y disminuir la erosión. Se encuentran
en el suroeste de los Estados Unidos y en México (Schwartz,
1957).
Huertas
con bordes : Pequeñas parcelas, usualmente en forma
rectangular, delineadas por líneas de pequeñas piedras (a
veces tierra), amontonadas una encima de la otra. Las piedras
conservaban la humedad disponible y disminuían la
evaporación. Algunas eran recubiertas con capas de guijarros,
como un medio adicional para retención de humedad. Las parcelas
variaban en tamaño, desde 1 m2 hasta 450 m2. Se encuentran en el
Cañón del Chaco, Kayenta, Valle del Río Grande del
Norte Pequeño Río Colorado y Agua Fría, en
Arizona, Estados Unidos.
Piedras
usadas para anclar arena : Eran colocadas en los campos para
estabilizar la arena, proteger los cultivos contra los efectos del
viento y anclar arbustos; se observan restos arqueológicos
relacionados que se remontan hasta los años 1065-1200 d.c. en
Sunset Crater (Arizona).
Montículos
(aporcaduras) : Eran leves amontonamientos de tierra suficiente
para una o dos plantas, con duración en el tiempo limitada. Sus
funciones son parecidas a las de camellones; las aporcaduras alrededor
de las plantas individuales de maíz o yuca las protegen contra
daños causados por el viento. Continúa siendo una
técnica difundida por toda América. En algunas regiones
de Colombia y Pucará en el Valle de Lerma de Salta (Argentina)
se encuentran antiguos montículos. Hay reportes que datan de los
comienzos del siglo XVI que recuerdan la existencia de estos
montículos en la isla de la Española.
2.5
Utilización de agua subterránea
En Chile y Perú existen vestigios que indican la
posibilidad de explotación del agua subterránea ( Gay,
1973). La técnica consistía en abrir depresiones y zanjas
de profundidades variables en donde se plantaban árboles.
Vestigios de campos hundidos (s, pukios, hoyas) han sido investigados
en Chilca y en el Valle de Virú (Perú), cuyos campos se
remontan a 100 años a.c.
2.6 Drenaje
Por otra parte, las técnicas precolombinas empleadas para el
drenaje se encuentran en configuraciones agrupadas en campos elevados,
canales de drenaje y camellones pequeños (también
llamados huachos, los cuales además se empleaban para la
adecuada aireación, el control de malezas y facilitar las
labores agrícolas).
Las funciones de dichas construcciones eran evacuar el exceso de agua y
proteger las cosechas de las inundaciones. Los suelos se preparaban
trasladando tierra para formar montículos que se elevaban por
encima de la superficie natural. Las plataformas protegían de
las inundaciones donde el nivel freático era permanente. Los
campos elevados fueron altamente productivos y en toda América
latina se han encontrado construcciones que datan de la época
precolombina. Ejemplos de éstos se encuentran en Chinampas
(México), en los campos elevados de Llanos de Mojos (Bolivia) y
en la sabana de Bogotá (Colombia). Los canales de drenaje
también cumplían la misión de transporte fluvial o
se empleaban para la cría de peces. Se han identificado canales
asociados con campos elevados en los Llanos de Mojos (Denevan, 1966),
en Campeche (Siemens et al, 1976), Quintana Roo (Turner y Harrison,
1978) y con las chinampas de México (Coe, 1964).

Figura 1. Fuentes
Muros de desviación : Se encuentran largos muros lineales de
tierra (longitudes de hasta 700 metros) en el suroeste de los Estados
Unidos, ubicados en las desembocaduras de arroyos (campos chin), en
planicies de inundación y en las bajas terrazas de los
ríos. Sirvieron como zona de inundación (spreaders),
retención de agua, para estabilizar los campos, prevenir el
lavado (sheetwash) y la formación de arroyos y para captar y
dirigir la escorrentía hacia campos adyacentes, a canales y
conductos. No se construyeron atravesando corrientes y se pueden
observar ejemplos en la región de Puebla en México (Hack,
1942).
Valladas
cerradas o semi/cerradas (albarradas) : Las semi/cerradas eran
generalmente rectangulares con terraplenes de tierra o piedra, con
pequeñas aberturas que podían cerrarse con facilidad.
Admitían una cantidad limitada de agua y evitaban las
inundaciones, o recolectaban agua en un depósito artificial.
Parsons (1968) observó este tipo de estructuras en los Valles de
Virú y de Chilca en Perú.
Valladas
complejas : Fueron combinaciones de muros y valladas lineales,
irregulares, perpendiculares y semi/cerradas. La mejor
representación se observa en Chilca (costa peruana), lugar donde
se integran una variedad de represas para controlar inundaciones con
campos hundidos.
Campos
elevados: (camellones grandes y plataformas) : Los campos
elevados eran preparados mediante el traslado y elevación de
tierras por encima de la superficie natural (Denevan y Turner, 1974).
Se puede hacer una distinción fundamental entre las plataformas,
que son bajas y bastante anchas, y los camellones, que suelen ser
más altos y angostos. Los campos elevados alcanzan hasta 2 m de
altura, 25 m de ancho y 500 m de largo. Gran parte de ellos se separan
por zanjas, las que además de ser excavadas para construir los
campos, sirvieron como drenaje del subsuelo, canales de riego,
vías de transporte, zonas para la cría de peces y como
una fuente de nutrientes para el suelo Los campos elevados se han
encontrado en los Llanos de Mojos en el este de Bolivia (Denevan,
1966), las sabanas de San Jorge al norte de Colombia (Parsons y Bowen,
1966), la Cuenca de Guayaquil en la costa del Ecuador (Parsons, 1968),
Campeche en México (Siemens et al., 1976), Belice (Siemens,
1978), los llanos del Orinoco de Venezuela (Zucchi y Denevan, 1979) y
el Lago Titicaca (Denevan et al., 1987); Veracruz y Quinta Roo en
México, Surinam, el Valle de Casma (costa peruana) y en la
sabana de Bogotá (Colombia). En el sistema de chinampas del
Valle de México, la mayoría de las plataformas de cultivo
fueron construidas como islotes en lagos permanentes (Armillas, 1971).
Pequeños
campos elevados : Hay una variedad de configuraciones de campos
elevados pequeños, desarrollados para efectuar modificaciones
físicas del suelo, conservar humedad, mejorar el drenaje,
nivelar el declive, o para alterar el microclima (temperatura, viento).
Campos
con zanjas : Las zanjas miden cerca de 1 m de ancho, 20-35 cm de
profundidad, y 2-10 m de espacio entre ellas. Actualmente se
continúan utilizando por parte de los agricultores en una
localidad cerca del Lago Titicaca y en otros lugares de la sierra
andina y por los Krinya en los Llanos del Orinoco (Denevan, 2001).
Camellones
pequeños (Huachos, eras) : Estos eran campos elevados
estrechos (1 - 1.5 m) de ancho, muy comunes en la región andina
llamados en Colombia y en el Perú. Todavía se
elaboran en el Perú, con el arado de pie (chaquitacila), y se
utilizan para la siembra de la papa. Las abandonadas de Colombia
podían ser de origen precolombino, según West (1979). Se
encuentran también en el centro de los Estados Unidos, en los
Estados de Wisconsin y Michigan (West, 1970).
3. CONCLUSIONES
.
En las culturas hidráulicas precolombinas, aún con las
grandes distancias que las separaban y el poco contacto existente entre
ellas, se observan muchas semejanzas. Es así como diferentes
países americanos poseen una gran variedad de vestigios de obras
hidráulicas que reflejan los desarrollos tecnológicos de
las distintas culturas.
. Una de sus principales características fue
el grado de adaptación tecnológica a las difíciles
condiciones climáticas y territoriales. Se observa cómo
los elementos empleados en los sistemas de riegos precolombinos para
captación, almacenamiento y distribución en las
diferentes culturas tuvieron como función esencial proteger los
campos agrícolas contra los efectos adversos del clima.
. Debido al buen manejo de una cultura
hidráulica, la agricultura americana se desarrolló
de manera lenta pero su contribución fue decisiva para permitir
el crecimiento de poderosas civilizaciones.
. Los pueblos precolombinos fueron principalmente
agrícolas, lo que los obligó a desarrollar sistemas de
aprovechamiento eficiente de los recursos hídricos.
. Los sistemas de riego, aunque dispersos
geográficamente y de escala muy diferenciada, tuvieron gran
importancia en el desarrollo de las antiguas civilizaciones
agrícolas americanas.
. Las culturas del norte o de Mesoamérica
tuvieron un mayor desarrollo de los sistemas hidráulicos y
sistemas de irrigación que las de Sudamérica y son las
más estudiadas y documentadas de la época precolombina.
. Es importante generar una conciencia que valore los
avances tecnológicos de las antiguas civilizaciones
americanas, quienes en algunas ocasiones encontraron un manejo
más armónico de los recursos hídricos.
. Algunas de las tecnologías
hidráulicas desarrolladas por las culturas precolombinas pueden
ser mejoradas, adaptadas y utilizadas por la agricultura campesina de
los países americanos.
4. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
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